Existe la terrible sensación de
encontrarse solo por la noche, a la hora de salir te enfrentas con la mascara
de ti mismo, la que debes mostrar a los demás, la misma que te muestra el
resto. La gente con las que hablas, tal vez en una conversación o un encuentro o
en un par de minutos donde todos intentamos conocer y a su vez existir, y casi hasta quitarte la curiosidad pero es que acaso nos muestran un 10% de lo que son. Es la misma careta de un fin de semana más.
Uno de mis gatopardos, tío brillante,
comentaba que prefería salir en este momento de su vida con otra gente,
distanciarse de los círculos en los que andamos nosotros, y de alguna manera tener fe a que la vida le diera otra oportunidad, otro encuentro, tal vez con alguien especial que no viviera como nosotros, limitados por una sociedad a su vez delimitada.
Yo desde mi punto de vista le
daba la razón pero intentaba hacerle ver que el mercado, como el juego, tiene
unas reglas preestablecidas donde surgen las oportunidades con la gente más afín a uno mismo, y así es como funcionan las relaciones sociales de un circulo que cree que la vida ya es suficientemente complicada como para complicarsela más. Por
tanto estas son las que son, o se juega o no se juega, pero no hay medias tintas. Le comentaba que
era casi imposible buscar la interacción o la complicidad real con alguien simplemente por casualidad, sé lo triste que suena. Por ello, ser simpático e intentar encontrar cierta afinidad con los que aparecen en tu vida, genera irremediablemente un contagio. ¿Cómo? Sí, le contesté. Es precisamente en esa
fama donde se puede conseguir un cierto interés de los demás por uno mismo, lo que da más oportunidades, y tal vez y solo digo tal vez puedas conocer a la persona que encaje contigo. Vivimos
en una sociedad que da valor a la recomendación, a la relación basada en el
aval, al “avalismo” en general, o lo que es lo mismo, al reconocimiento o
imagen propia sobre terceras personas - es lo que es y esas son las reglas -. Nadie
compra un producto sin una recomendación o el sello de una marca, a todo se le confiere una
cierta fiabilidad ¿no? Además la realidad es que hay unos años, en los que
tienes más posibilidades de ampliar tus círculos que otros, y debes aprovecharlos. Puesto que toda la gente que
conoces anda en la misma sintonía y pasados los años te encuentras más solo, lo que te obliga a tener hermanos, primos o amigos más jóvenes, o aceptar la segunda vuelta como la realidad que te corresponde. De hecho cualquier modelo puede
funcionar, es más, solo debemos ser exigentes con nosotros y entender que la tolerancia es universal y el encuentro con la felicidad puede darse en cualquier sitio y en cualquier modelo, no solamente el nuestro que parece más bien de pequeño burgués.

La noche se
ha convertido en algo violento, donde todos juegan a estar por encima del bien
y del mal, algo que me parece alejado de los intereses más básicos y lógicos, como es la propia
estabilidad, como generadora de felicidad. ¿Y por que digo felicidad?
Veo que mucha gente, y me incluyo
en alguna etapa de mi vida, que basa su felicidad de una manera tan cortoplacista, que
me asusta asomarme. Como una autentica montaña rusa, el
viernes arriba, el lunes decae y vuelta a subir.. y así continuamente,
generando una espiral de una volatilidad emocional altísima. Desde mi juicio puede ser un
error total, porque basar la vida en hechos ajenos a uno mismo, no te confiere ningún control propio, sino que te convierte en un ser dominado por las circunstancias que generan los demás.
Como al niño/niña que quiere ser centro de atención y sentirse gustado por todos,
y sino se enfada.
La felicidad puede que vaya de
apuestas, nadie te dice si aciertas o no en las decisiones, simplemente sabes
que tienes que llevarlas hasta el fin y ser medianamente consecuente con ellas para ser creíble. En un mundo lleno de posibilidades donde cada elección,
cada decisión conlleva otras tantas oportunidades, nos damos cuenta que esto puede
que vaya de parches. Como diría mi amigo chili, ¡como los caballos! Y es que a
veces hay que dejar pasar las cosas y ponerse estos “parches” en nuestra atención, simplemente por el bien de uno o el de tu propia alma.
Por ello, considero cada vez más que todo esta inventado y que las apuestas más acertadas son aquellas que te
elevan como ser humano, poner tu felicidad en la rutina de una satisfacción
propia, simplemente en la de creer que haces las cosas bien y bajo un orden concreto.
Basar la vida en cosas que puedas
controlar, puesto que casi nada es controlable, salvo dar a los demás y enriquecer tu yo, con el conocimiento, el detalle,
el honor, la espiritualidad, la estética en general..y un largo etc. aunque parezca mentira- Alguien
llamaría la teoría cobarde, la teoría de la anti-experiencia, no lo sé, puede que sólo
funcione en la madurez, o te prevenga de la posibilidad de no recuperarte si
algo no sale bien.
Puede que como decía Maquiavelo “en caso de no saber que hacer, seguir el
camino de los virtuosos y de los sabios” vamos los que ya han andado el camino.