Hay muchos temas en que realmente uno puede aportar poco, en mi caso este es uno de ellos, con el agravante de que además me siento intimidado al tocar temas religiosos, simplemente por no tener el nivel para hacerlo. Quitado el miedo de no poder llegar a las conclusiones por lo menos intentare explicar las sensaciones y como la fuerza de estas verdades infieren en mí.
Como he escrito en veces anteriores, siempre me he propuesto tener una vida espiritual
como meta, y uno no puede forjarla sin obligarse a la reflexión de pensar en
ella, pensar en el movimiento de las cosas contra la inmutabilidad de otras, cercionarse
que si el tiempo pasa y son los hechos los que permanecen y por los cuales nos
juzgamos ¿cuantas veces nos negamos a nosotros mismos simplemente por no hacer
nada?. Debiendo pensar en la transcendencia de reflexionar sobre nuestro paso
por la vida, por las personas con las que coincidimos y por las cosas que nos suceden y las cuales nos acaban definiendo.
Uno
sabe que para empezar a regirse debe hacerlo desde las ideas más pequeñas, como
en cualquier aprendizaje, para poder sostenerse
todo es repetición y práctica. Cuestión de actitud convertida en
costumbre, supongo. Lo pequeño es siempre una cuestión de voluntad forzada,
recoger los pensamientos del día, las actitudes hacia los demás y los
comentarios hechos; ver donde se encontraban los desórdenes y las
carencias propias, hacer balanza, y sacar un juicio desde la autocrítica que es lo que nos lleva a la sensación de
ayudarnos a limar nuestras imperfecciones y refrenar acciones en el futuro.
Siempre he creído que lo grave no es solamente el hacer algo malo sino que aun es más
grave no saber que se ha hecho, no saber que se ha cruzado la linea. La ignorancia es una falta.
Cuando
uno lee a T. Kempis y se alecciona sobre la virtud de las cosas pequeñas, y lee
sobre la sencillez, lo impulsivo es rechazarlo de plano, ya que vivimos en un
mundo bastante más complejo que el de aquel monje medieval, pero en su aceptación de la ignorancia tenemos que hacer un esfuerzo por entender que su claridad sobre la sencillez invita a la humildad y la humildad a la imitación
de cristo y por tanto a ser vista como virtud. Cosas complejas en formas fáciles
de entender. Todo ello me recuerda al que realmente fue uno de los mayores y primeros promotores de
la vida del silencio como aquel monje aleman y ese es uno de nuestro padres fundadores, San Jerónimo.
San
Jerónimo es el traductor de la Biblia, uno de los padres de la iglesia que son aquellos
que por sus enseñanzas y ejemplo de vida dan lugar a la estructura de la propia iglesia. Sin duda San Jerónimo es el más retratado de todos, supongo que su
impulso de vida fue tanto más fácil de entender que el del resto y en su imitación se dió la vida monástica. La famosa vida contemplativa, de ese
cardenal ermitaño imaginado en una cueva de tierra santa, con una túnica color
cardenal que cubre a un hombre docto y mayor, que entre los versículos de la
biblia sujeta una carabera que te recuerda que todos moriremos, y que en muchas
de su iconografía se le refleja con un hecho propio de su santidad, el haber
amansado a un León, que nunca abandonó. San Jerónimo me recuerda al
movimiento de las cosas, y a la vez a la invariación de otras -las del
espíritu-, la lucha contra su propia soberbia que a reflejo de la vida de Cristo
le lleva a retirarse y buscar su verdad desde el silencio, la corrección constante del alma a través de la oración y la penitencia como forma de elevación y
perfeccionamiento a la unión con Dios.
Caravaggio - San jeronimo en Montserrat |
He
tenido casos cercanos de ejemplos de vida contemplativa y entiendo la unión y el
perfeccionamiento del alma a Dios a través de la mayor de las humildades que es
la donación y la entrega de sus propias vidas, el trabajo por mejorarlas día a día
y un esfuerzo para que sirva de ejemplo a todos, para dar fe de que lo espiritual
está por encima de lo material.
Siempre
he creído en la interconexión de todos los seres humanos, como católico a través
de nuestro Señor, y siento que la contemplación tiene un grandísimo poder. Desde
aquí en Londres me acuerdo y rezo a mi tía la venerable CCA hoy con el Señor y me acuerdo de
mi prima CEV, las cuales eligieron dar su vida a traves de la clausura; y me recuerdan constantemente cuanto
me queda por aprender.
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